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viernes, 22 de mayo de 2015

Hay que leer



Los adultos repetimos una y otra vez a los niños que tienen que leer y pretendemos que lo acaten como un dogma de fe. Pero, como dice Daniel Pennac, el verbo leer no soporta el imperativo. Podemos repetirlo hasta la saciedad, dejarlos a solas en su habitación con un libro, sentarnos a su lado para impedir que aparten la mirada de la página. Todo será inútil si no desean hacerlo. Desengañémonos: no podemos obligar a nuestros hijos a ser lectores.
La única manera de iniciarlos en este maravilloso vicio es consiguiendo despertar su interés y haciendo que disfruten con la lectura, se sumerjan en ella, que la vivan. Sólo de esa manera conseguiremos que regresen una y otra vez, que naveguen por su propio mar de libros, que se embarquen en una experiencia que nunca termine. Algunos piensan que quienes no leen, aquellos que no disfrutan de la lectura, aún no han encontrado SU libro, aquel que los ha estremecido por dentro, que los ha hecho disfrutar, aquel que desearían que nunca hubiera acabado pese a que estaban deseando conocer el final.
Es importante el ejemplo, ya lo hemos comentado. Si nosotros leemos ellos nos imitarán. También son fundamentales las primeras lecturas, esas a las que los mayores ponemos voz, esas durante las que nos convertimos en su libro. La mayoría de padres hemos leído o inventado cuentos para nuestros hijos. La hora de irse a dormir se convierte entonces en un momento mágico y deseado: se dilataría hasta la eternidad si no fuera porque los vence el cansancio. Leemos con ellos, para ellos, hasta que aprenden a leer y entonces les dejamos solos ante ese objeto inanimado que es el libro sin molestarnos en hacerle entender que ese objeto sólo puede cobrar vida en sus manos. Deberíamos acompañarlos en sus primeros viajes lectores en solitario. Aunque parezca una contradicción no lo es. Existen algunas maneras de las que iremos hablando.

La foto es de un fragmento del libro Como una novela de Daniel Pennac, editorial Anagrama.

jueves, 14 de mayo de 2015

Mi hijo no lee. No, yo tampoco



En casa vivimos tres humanos, tres perros, una cotorra y un canario. Los tres humanos leemos. Dos leemos mucho, otro no tanto. Mi pareja y yo amamos los libros, tenemos la casa llena de ellos, hasta en el parking o en el lavabo. Así que nuestra hija ha crecido en un lugar en el que los libros son algo cotidiano y al alcance. Nos ha visto leer y le hemos leído desde niña. Con apenas un par de años ojeaba los libros con los que yo trabajaba, miraba fotos si las tenían o la portada,  y hacía preguntas que siempre contestábamos. Supongo que ahí empezó su interés. Aunque no creo que sea un mérito atribuible del todo a sus padres, sí que es cierto que el ejemplo es importante. Los niños aprenden por imitación y si ven leer es probable que lo hagan (ocurre tanto con los buenos como con los malos hábitos).
Me puse a escribir este blog cuando descubrí que para algunas familias es un problema que sus hijos lean. Algunas madres de los amigos de Lluna me preguntaban cómo lo hacía para que a los siete años ya anduviera devorando libros de muchas páginas. Como todo en la maternidad, en lo que se refiere a la educación lectora de mi hija también he echado mano de intuición, de lógica y de instinto. Siempre les he dicho que no se puede obligar a un niño a leer. Hay que enseñarle que es un placer, a disfrutar leyendo, al principio con eso basta, no hace falta más. No le podemos explicar a una criatura de seis años, edad en la que suelen empezar a leer solos, todas las ventajas y beneficios que comporta la lectura. Si conseguimos que se interese por los libros y disfrute con ellos ya tenemos medio camino hecho.
Pero como no todo va a ser intuición, lógica o instinto, también he buscado material para informarme y aprender. Os recomiendo el interesantísimo ensayo de Daniel Pennac, Como una novela, de la editorial Anagrama. Es cortito, se lee estupendamente, y da algunas claves de por qué nuestros hijos no leen y algunos consejos para que lean. También nos habla de los diez derechos del lector. Hablamos de ellos en otra entrada y también del libro, a ver si así la curiosidad os hace seguir visitando el blog.